Bienvenidos a muelle miseria, donde las mentiras encuentran la razón de su existencia y los hombres se sumergen en medio de su inédita tristeza.
La veo subir al bus cuyo destino aún es incierto para mi, me paralizo y la miro fijamente, ¡que estúpido soy!, me encuentro ante un ser que seguramente eliminaría los ruidos que emite mi conciencia para ensordecer mis acciones. ¿qué hago?, me pregunte. ¿hablarle?, tal vez, ¿que podría hacer un pobre hombre cuyas manos guardan un profundo olor a cigarrillo y en su boca posee un aliento a licor?, ¡que más da!, es preferible hablarle y comprobar que soy un fracasado, que quedarme callado y continuar con mis ínfulas de triunfador.

Me paro del puesto, voy hacia donde se encuentra ella acompañado de mi desparpajado caminar, cada paso que doy hace que tiemble mas cada centímetro de mi humanidad, declino mis nalgas al lado de la suyas, hola, ¿cómo estas?, le digo sin bacilar, me mira algo extrañada, y me contesta con un tajante –no hablo con extraños-; ja, que humillación mas grande, le respondí. Me mira y se sonríe; pasan cinco minutos, me encuentro en posición de perdedor (cabeza abajo, mentón pegado al pecho y ojos perdidos), voltea la cabeza donde yo estoy y me pregunta: ¿por que humillación?, parpadeo dos o tres veces, no me sale ninguna palabra de los labios, opto por pararme y bajarme de aquel bus.
MORALEJA 1: Mejor abandonar la idea que abrir la boca y hundirse por carecer de respuestas más inteligentes que la misma preguntas.

De nuevo me encuentro sin donde ir, sentado en la misma silla que hace unos días, se sube aquella mujer que alguna vez me hizo quedar en ridículo, pero esta vez no viene sola; un hombre que seguramente pronto comenzara su segunda pubertad la acompaña, se sientan atrás mió, comienzo a escuchar como este flácido y arrugado hombre le promete casa, carro y beca; ella lo besa y se bajan cerca de un lugar abierto las 24 horas del día, con paredes llamativas y un inmenso letrero de neón.
MORALEJA 2: Una mente con pocas y envejecidas palabras puede más que una mirada perdida y renovante.

Seis meses después creo que ya encontré mi rumbo, aunque sigo sentado en el mismo lugar de este destartalado cachivache, hace un buen tiempo que la mujer no se sube al bus con su vejete, escucho una dulce voz, volteo para ver de donde proviene, mmm... Es ella, pero esta sola y no veo a quien le pueda estar hablando, se para y se sienta a mi lado y me pregunta: ¿por qué humillación?, sonrío y le contesto: lo siento, ya llegue a mi paradero y no acostumbro a hablar con extraños.
MORALEJA 3: La respuesta de la humillación se encontrará en la moraleja 1 y 2.
La veo subir al bus cuyo destino aún es incierto para mi, me paralizo y la miro fijamente, ¡que estúpido soy!, me encuentro ante un ser que seguramente eliminaría los ruidos que emite mi conciencia para ensordecer mis acciones. ¿qué hago?, me pregunte. ¿hablarle?, tal vez, ¿que podría hacer un pobre hombre cuyas manos guardan un profundo olor a cigarrillo y en su boca posee un aliento a licor?, ¡que más da!, es preferible hablarle y comprobar que soy un fracasado, que quedarme callado y continuar con mis ínfulas de triunfador.
Me paro del puesto, voy hacia donde se encuentra ella acompañado de mi desparpajado caminar, cada paso que doy hace que tiemble mas cada centímetro de mi humanidad, declino mis nalgas al lado de la suyas, hola, ¿cómo estas?, le digo sin bacilar, me mira algo extrañada, y me contesta con un tajante –no hablo con extraños-; ja, que humillación mas grande, le respondí. Me mira y se sonríe; pasan cinco minutos, me encuentro en posición de perdedor (cabeza abajo, mentón pegado al pecho y ojos perdidos), voltea la cabeza donde yo estoy y me pregunta: ¿por que humillación?, parpadeo dos o tres veces, no me sale ninguna palabra de los labios, opto por pararme y bajarme de aquel bus.
MORALEJA 1: Mejor abandonar la idea que abrir la boca y hundirse por carecer de respuestas más inteligentes que la misma preguntas.
De nuevo me encuentro sin donde ir, sentado en la misma silla que hace unos días, se sube aquella mujer que alguna vez me hizo quedar en ridículo, pero esta vez no viene sola; un hombre que seguramente pronto comenzara su segunda pubertad la acompaña, se sientan atrás mió, comienzo a escuchar como este flácido y arrugado hombre le promete casa, carro y beca; ella lo besa y se bajan cerca de un lugar abierto las 24 horas del día, con paredes llamativas y un inmenso letrero de neón.
MORALEJA 2: Una mente con pocas y envejecidas palabras puede más que una mirada perdida y renovante.
Seis meses después creo que ya encontré mi rumbo, aunque sigo sentado en el mismo lugar de este destartalado cachivache, hace un buen tiempo que la mujer no se sube al bus con su vejete, escucho una dulce voz, volteo para ver de donde proviene, mmm... Es ella, pero esta sola y no veo a quien le pueda estar hablando, se para y se sienta a mi lado y me pregunta: ¿por qué humillación?, sonrío y le contesto: lo siento, ya llegue a mi paradero y no acostumbro a hablar con extraños.
MORALEJA 3: La respuesta de la humillación se encontrará en la moraleja 1 y 2.
1 comentario:
Stiiiiven, ese fue el primer cuento tuyo que leí, y me encantó...
Fan No 1 reportándose
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