lunes, 22 de junio de 2009

EL SILENCIO DE LA PERDICION


Ahora él siente la necesidad de un amor. En sus estados de embriaguez quiere llenar el vacío producto de su imperante soledad. Todo adquiere perfección cuando el alcohol se mezcla con cualquier ideal que logre deslumbrar su mente y, con gran fuerza, un pensamiento alcanza la capacidad de elevarlo a los labios de una hermosa deidad. Pero todo hace parte de una gran mentira, siempre se esconde tras mascaras mágicas y sonrientes, donde oculta la realidad del infernal mundo, esa realidad tan lejana y austera para cualquier hombre, que, sin imaginación alguna, logra llevar su alma a presiones similares a las que el mar ejerce sobre los cuerpos a profundidades extremas.

Levanta el rostro y mira hacia la planicie que esta al frente suyo, todo lo percibe tan bello. No logra entender como su vida ha llegado al extremo de limitarse entre las impresionantes sensaciones y la pronta muerte interior. Se para de la banca donde se perdía en medio de sus introspecciones, comienza a caminar por el parque con sombría apariencia, con su botella de Old Jhon en la mano. Tras su caminata insípida y torpe se encuentra golpeado por el atardecer, quiere escapar de los tímidos rayos de luz que logran alcanzarle, se toma dos tragos más y entra al primer antro que encuentra en aquel instante.

Mujeres hermosas, llenas de ostentosa belleza y delicado porte se le acercan, pero una, en especial, llama su atención. La mujer muy distante del mundo, raro en alguien que se gana la vida con su carisma, era el centro de atención entre los hombres que estaban allí, muchos se le acercaban y le hacían la charla, pero al poco tiempo se retiraban del lugar. Se podría decir que era la mas bella del recinto, sus ojos, dos hermosas piedras verdes que hacían juego con el contorno de su ovalado rostro se encrespaban bajo sus pestañas, su cabello a leguas se sabia que era liso, pero aquella noche lo tenia ondulado, lo cual la hacia ver mucho mas bella, era alta y esbelta, y sin duda muchos dedos estarían encantados de bajar de su cuello, por sus pequeños senos y desembocar la energía consubstancial en todo su ser.

El hombre se acerca a la prostituta.
-¿Me puedo sentar al lado?-. Pregunta con voz temblorosa. Al parecer la mujer le gusta su inseguridad y asienta la cabeza.
-¿de donde eres?- ella calla.
-¿Por qué no hablas? ¿Quieres que me vaya? …- El hombre se desperdiga en miles de preguntas, que sólo reciben como respuesta el silencio absoluto.

Como todos, después de unos minutos se para y deja el lugar. Mira el reloj, ¡es tarde! Pero no quiere regresar a casa aun. Se sienta en la silla de un parque, ebrio vuelve de nuevo a sus introspecciones. La vida es un constante sin sabor, pero la mujer combinada con el licor adquiere el resabio de la existencia en su verdadera expresión. De igual modo percibe que el silencio complementa los ruidos del mundo exterior, al tiempo que acude a la presencia del olvido, y solo cuando se aprovecha, logra alcanzar su indiscutible esencia.

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